Escribí este libro tanto para los hombres como para las mujeres. ¿Por qué? Porque la impureza sexua no es el problema de hombres. Es un problema humano. Arruina nuestras relaciones, nos roba la pasión espiritual y nos deja con una sensación de vacío…
Sin embargo, lo cierto es que ni tu ni yo tenemos que quedarnos bajo este yugo interminable de culpa y vergüenza. Dios nos llama a vivir de acuerdo con una norma alta: ni aun se nombre la impureza sexual. Y nos da todo lo que necesitamos para que esto sea una realidad.
Si estás listo para abordar un plan práctico, centrado en la gracia que derrote la lujuria y celebre la pureza, esper4o que te unas a mí en este viaje tan prometedor.




