Sea que nos demos cuenta o no, el valor que atribuyamos a Dios, a nuestros hijos y a nosotros mismos determina en gran medida el éxito o el fracaso de todas nuestras relaciones. En realidad, nada moldeará más nuestras vidas que el aprender a dar y recibir el don de la honra.
Mientras más aprendamos sobre este concepto bíblico, y apliquemos este principio en nuestros hijos, evitaremos el sufrimiento en ellos por relaciones destruidas. Asimismo le daremos los fundamentos que necesitan para desarrollar una profunda madurez.




