Desde nuestra niñez, algo o Alguien nos invita a dar un viaje del corazón. Es un viaje lleno de intimitad, aventura y belleza; pero como cualquier cuento de hadas, está lleno de algo más que un poco de peligro. Desatender el susurro de ese llamado es convertirnos en uno de los muertos en vida que viven divorciados de lo más íntimo de su ser: su corazón. El sagrado romance apela a nuestros más caros recuerdos, a nuestros más grandes amores, a nuestros más nobles logoros. Aún a nuestras más profundas heridas. La recompensa amerita el riesgo. Dios mismo nos anhela, si es que estamos dispuesto.




